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viernes, 19 de noviembre de 2010

Posible evidencia científica de que el futuro puede conocerse

Una investigación descubre que los hechos no ocurridos aún pueden influir en nuestro comportamiento

El futuro puede saberse, y los hechos no ocurridos aún pueden influir en nuestro comportamiento. Esto es lo que revela un estudio reciente realizado por el psicólogo norteamericano Daryl Bem, reconocido por sus estudios sobre la auto-percepción. Bem ha dedicado ocho años de su vida a aplicar protocolos de investigación establecidos con secuencia temporal invertida, descubriendo que se puede influir de igual forma en la conciencia humana tanto desde el pasado como desde el futuro. A pesar de lo controvertido de sus hallazgos, la prestigiosa publicación Journal of Personality and Social Psychology publicará un artículo en el que se detallan los experimentos realizados, lo que se espera dé pie a un intenso debate.
 
Por Yaiza Martínez.
 
El futuro puede saberse, y los hechos no ocurridos aún pueden influir en nuestro comportamiento. Al menos esto es lo que revela un estudio reciente realizado por un reconocido profesor de psicología de la Universidad de Cornell, en Nueva York, llamado Daryl Bem.

A pesar de que el fenómeno de la precognición es muy controvertido y roza el terreno de lo paranormal, la prestigiosa revista Journal of Personality and Social Psychology se hará eco de los resultados obtenidos por Bem publicando, antes de final de año, un artículo sobre sus descubrimientos.

El psicólogo ha dedicado ocho años al estudio de este tema. En ese periodo de tiempo, ha llevado a cabo una serie de nueve experimentos en los que han participado en total más de 1.000 estudiantes voluntarios.

Del futuro al pasado

En uno de estos experimentos, se mostró a los estudiantes una lista de palabras y se les pidió que recordaran palabras de ésta. Después, se les dijo que escribieran palabras seleccionadas aleatoriamente de esa misma lista.

Sorprendentemente, los estudiantes recordaron mejor, de la lista de palabras que memorizaron previamente, aquellas palabras que después escribirían. En otro experimento, Bem utilizó una prueba clásica de “condicionamiento” pero con cierta modificación.

Esta prueba, que consiste en presentar a una persona una palabra subliminal en una imagen, ha demostrado que, por ejemplo, si se hace ver a alguien, a manera de flash, la palabra “feo” en una imagen en la que aparece un gatito, el individuo tardará más tiempo en decidir que dicha imagen es agradable, que si la palabra que se le ha presentado subliminalmente es “bello”.

En su prueba de condicionamiento adaptada, Bem descubrió que dicho efecto de condicionamiento subliminal funcionaba hacia atrás en el tiempo, de igual forma que hacia delante en el tiempo.

Por último, en otro test realizado, se les dijo a los voluntarios que, en la pantalla de un ordenador, iba a aparecer una imagen erótica en una o dos posiciones y se les preguntó, antes de que dicha imagen apareciera, en qué lugar pensaban ellos que estaría.

La posición en la que la imagen aparecía finalmente era seleccionada al azar, pero los voluntarios acertaron cuál sería en un 53,1% de los casos.

Este resultado puede parecer poco importante, lo cierto es que presunciones verdaderamente aleatorias pueden alcanzar el 50% de aciertos, pero otros fenómenos bien establecidos, como la efectividad del consumo de bajas dosis de aspirina en la prevención de ataques cardiacos están basados en efectos de una envergadura similar.

Resultados estadísticamente significativos

Según se explica en la revista NewScientist, en investigaciones previas de parasicología se habían usado otras fórmulas, como el experimento Ganzfeld (del alemán, «campo homogeneizado»).

Este experimento es una técnica que se utiliza para probar la percepción extrasensorial de las personas. En él se aplica una estimulación sensorial parcial para producir un efecto similar al aislamiento sensorial, que se sabe genera impresiones en el interior del individuo.

Según sus defensores, el experimento Ganzfeld ha ofrecido resultados que se desvían de la aleatoriedad hasta un nivel estadístico significativo, por lo constituyen resultados cuantificables de la existencia real de fenómenos como la telepatía.

Por el contrario, Daryl Bem ha utilizado para su estudio pruebas que podrían ser rápidamente evaluadas por los psicólogos actuales. En otras palabras, tal y como se explica en la revista Wired, Bem ha tomado protocolos psicológicos establecidos y ha revertido la secuencia temporal de éstos, haciendo que la causa se convierta en el efecto. Los efectos registrados por el científico han sido reducidos, pero estadísticamente significativos.

La controversia está servida

Aunque Daryl Bem es un psicólogo muy conocido por su interés en los fenómenos paranormales, también es un respetado científico con una reputación adquirida gracias a la seriedad de sus trabajos, en especial en el terreno de la auto-percepción.

En este campo, ha desarrollado una teoría que sugiere que la gente infiere sus actitudes a partir de sus propios comportamientos de la misma forma que evalúa las actitudes de otros.

Su artículo sobre sus propios descubrimientos en la percepción con tiempo invertido tiene importancia porque proporciona el primer marco comprobable de investigación de propiedades psicológicas anómalas.

Las pruebas de Bem están basadas en paradigmas experimentales bien conocidos, y minimizan el contacto entre el experimentador y el sujeto.

La acumulación de datos de su investigación ha estado, por otra parte, automatizada y ha sido exacta, por lo que ha pasado la estricta revisión, llevada a cabo por cuatro expertos, necesaria para su publicación en el Journal of Personality and Social Psychology.

A pesar de eso, esta revista publicará un escéptico editorial comentando los resultados obtenidos por Bem, con la esperanza de que otros científicos intenten replicar las pruebas.

Según el propio investigador, docenas de científicos han contactado ya con él para pedirle detalles de su trabajo, por lo que es de esperar que el tema dé pie a un intenso debate en los próximos tiempos.

miércoles, 27 de octubre de 2010

¿Que es el verdadero desarrollo integral?

Encíclica “Caritas in veritate”

La vocación es una llamada que requiere una respuesta libre y responsable. El desarrollo humano integral supone la libertad responsable de la persona y los pueblos: ninguna estructura puede garantizar dicho desarrollo desde fuera y por encima de la responsabilidad humana. Los «mesianismos prometedores, pero forjadores de ilusiones» basan siempre sus propias propuestas en la negación de la dimensión trascendente del desarrollo, seguros de tenerlo todo a su disposición. Esta falsa seguridad se convierte en debilidad, porque comporta el sometimiento del hombre, reducido a un medio para el desarrollo, mientras que la humildad de quien acoge una vocación se transforma en verdadera autonomía, porque hace libre a la persona.

El subdesarrollo tiene una causa más importante aún que la falta de pensamiento: es «la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos». Esta fraternidad, ¿podrán lograrla alguna vez los hombres por sí solos? La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos. La razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad. Ésta nace de una vocación trascendente de Dios Padre, el primero que nos ha amado, y que nos ha enseñado mediante el Hijo lo que es la caridad fraterna.

Pablo VI tenía una visión articulada del desarrollo. Con el término «desarrollo» quiso indicar ante todo el objetivo de que los pueblos salieran del hambre, la miseria, las enfermedades endémicas y el analfabetismo. Desde el punto de vista económico, eso significaba su participación activa y en condiciones de igualdad en el proceso económico internacional; desde el punto de vista social, su evolución hacia sociedades solidarias y con buen nivel de formación; desde el punto de vista político, la consolidación de regímenes democráticos capaces de asegurar libertad y paz.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Los adultos, ¿pueden cambiar?

Por: Eugenia Correa


Hace poco se publicaron en Live Science los resultados de un estudio en el que se habla de cómo es que para el primer año de primaria ciertos rasgos determinantes de nuestras personalidades ya han sido formados. Rasgos como nuestra fluidez verbal, adaptabilidad o capacidad de reaccionar positivamente a nuevas situaciones, impulsividad o falta de control y comportamientos de minimización de uno mismo, ya están determinados para la edad de 6 años y cambian muy poco hacia nuestra vida adulta.

Los niños que hablan con fluidez y tratan de controlar situaciones, muestran gran inteligencia como adultos. Los niños con baja fluidez verbal, como adultos, suelen rendirse ante los obstáculos y tener problemas para las relaciones interpersonales. Los niños muy adaptables, como adultos suelen ser optimistas y mostrar interés en cuestiones intelectuales. Niños con baja autoestima son más proclives a expresar culpas, buscar la aprobación de otros y expresarse con mucha inseguridad durante la adultez.

El estudio me parece muy bien, pues este conocimiento permitirá que podamos impulsar a los niños a desarrollar características de personalidad que los fortalezcan y les dejen crecer como adultos adaptables, optimistas y con capacidad de relacionarse con otros.

¿Acaso por que desde los 6 años hemos sido así somos incapaces de transformarnos? ¿No podemos ser mejores? La realidad es que aunque nuestra personalidad sigua un hilo conductor durante toda nuestra vida, sí podemos y debemos cambiar ciertos aspectos de la misma para lograr una mejor relación con otros y con nosotros mismos.

En otro artículo, según la psicóloga de la Universidad de Stanford, Carol Dweck, se puede cambiar la personalidad hasta incluso después de los 30 años, y para eso lo importante es estar abierto a transformar tu sistema de creencias. Por ejemplo, la gente que cree que la “inteligencia” es algo dado y no un rasgo siempre en desarrollo puede estancarse y dejar de aprender; mientras que quienes creen que la inteligencia es un órgano que se ejercita y puede fortalecerse suelen emprender mayores retos y llegar a sus metas aún si en un principio estaban menos capacitados para hacerlo.

Para algunos psicólogos es muy importante identificar los patrones de conducta de nuestra personalidad para poder cambiar. Incluso un tip que dan es que cada vez que observes en ti misma un comportamiento negativo lo apuntes. Así podrás identificar cuando hay un patrón negativo y poder trabajar para cambiarlo. Otro paso fundamental es responsabilizarnos a nosotros mismos por nuestros actos, dejar de culpar a nuestros padres, pareja o amigos, de lo que somos y una vez que lo asumimos es más fácil tomar conciencia del acto negativo.

Finalmente, es muy importante crear nuevas experiencias en nuestra vida. Antes de los seis años, cuando se desarrolló nuestra personalidad, todo era nuevo y fueron las nuevas experiencias y situaciones las que nos llevaron a ser de una forma. Agregar nuevas experiencias positivas a nuestra vida puede ayudarnos a ver el mundo bajo otra óptica y a seguir moldeando nuestra personalidad para bien aún en la vida adulta.

Y tú, ¿crees que podemos cambiar nuestra personalidad ya como adultos? ¿Qué tipo de trabajo personal crees que se requiere para lograrlo?

jueves, 4 de marzo de 2010

El éxito de la sencillez

Por: Inés Temple Administradora
PRESIDENTA DE DBM PERÚ Y DBM CHILE

Muchos se cuestionan el tener que esforzarse para “vender” su imagen o la calidad de sus servicios profesionales. Otros encuentran que cualquier esfuerzo de “márketing personal” es en sí mismo negativo o, cuando menos, innecesario. Yo creo que el tema no es si hacerlo o no, sino cómo hacerlo bien, en su justa medida, con equilibrio, prudencia y, sobre todo, sin arrogancia.

Hace siglos Nicolás Maquiavelo decía: “Todos ven lo que pareces ser, ya que pocos ven lo que eres en verdad”. Ayer como hoy, esa es una realidad. Vivimos en un mundo donde la cantidad de información que manejamos refuerza nuestra tendencia a estereotipar a las personas porque no tenemos mucho tiempo para conocerlas.

Es más, la competencia es tan grande que no basta con ser buenos, también hay que parecerlo. Y creo que allí se inician muchos de los problemas. Todos conocemos personas que no paran de hablar de sí mismas, de sus logros, sus éxitos, sus victorias y posesiones materiales. Nadie quiere ser como ellas ni parecer arrogante, más aun sabiendo que nada daña más nuestra empleabilidad que la arrogancia.

Keith Ferrazzi, autor del libro “Nunca comas solo” y experto en redes de contacto y manejo de marca personal dice: “Los que son conocidos más allá de las paredes de su cubículo tienen más valor. Si escondes tus logros permanecerán escondidos, si no te promueves a ti mismo [¡con gracia, por supuesto!] nadie más lo hará. Tu éxito está determinado por cuán bien otros conocen tu trabajo y su calidad. ¡Promueve tu marca! Promueve tu carrera”.

Su mensaje es claro: debemos esforzarnos para dar a conocer nuestras contribuciones. ¿Pero cómo definiremos esa “gracia” que parece ser la clave para no caer pesado o parecer soberbio?

Ferrazzi la define como carisma: “Los exitosos, sencillos, con carreras sobresalientes, relaciones cálidas y un carisma impecable son aquellos que se entregan y no pierden tiempo o energía tratando de ser algo [o alguien] que no son. Carisma es simplemente ser uno mismo. El ser uno mismo es su poder”.

En el mercado laboral y en la vida profesional todas las personas quieren recomendar gente seria y muy profesional. ¿Qué es vital para estar en ese grupo? Ser leales, íntegros y honestos. Y que quienes nos conocen sepan que no caemos en la tentación del conflicto ético o de interés. Que respetamos nuestra palabra ¡siempre, sin excusas ni atajos!

¿Cómo desarrollar un halo de éxito que nos diferencie? Siendo genuinos, aprendiendo a escuchar, animando a los otros a hablar sobre ellos mismos e interesándonos realmente por las personas. Nuestra actitud, por supuesto, es clave: siendo entusiastas, hablando siempre en positivo y con pasión, y mostrando genuinas ganas de aprender. Identificando el lado bueno de cada cosa. Dando apreciaciones honestas y sinceras. Siendo generosos en aceptación y aprobación. Y, como siempre y en todo, ¡dando primero lo que queremos que otros nos den!.

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